El ingeniero Jorge Morales lo deja claro: si una habitación recibe sol todo el día, instalar un toldo exterior es un ahorro directo
Cuando suben las temperaturas, muchas casas se convierten en un horno, especialmente las habitaciones orientadas al sur. El sol calienta el interior, el aire acondicionado trabaja más horas y la factura se dispara. En julio de 2026, el precio medio de la electricidad en España superó los 135 €/MWh, según el operador de mercado OMIE. En ese contexto, cada grado que se evita sin usar electricidad cuenta.
El ingeniero industrial y divulgador energético Jorge Morales de Labra lo explicó con claridad en el programa de radio La Tarde. Su mensaje principal es sencillo: es mejor impedir que la casa se caliente durante el día que intentar enfriarla después. Y uno de los gestos más eficaces, según él, está en el exterior.
«Cuando tenemos una habitación en la que el sol pega todo el día, hay que intentar poner un toldo porque es un ahorro directo», afirmó Morales de Labra. La clave está en bloquear la radiación solar antes de que atraviese el cristal. Un toldo o store exterior evita el efecto invernadero que se produce cuando el sol entra y calienta el aire interior. El resultado: la estancia se mantiene más fresca y el aire acondicionado se enciende menos o durante menos tiempo.
Los datos de la industria de protección solar confirman la diferencia. Una protección instalada en el exterior puede detener entre el 85 % y el 90 % del calor. Un toldo o estor interior, en cambio, solo reduce entre el 40 % y el 50 %. Actuar fuera de la ventana cambia radicalmente el confort de verano sin tocar el termostato.
Cuando suben las temperaturas, muchas casas se convierten en un horno, especialmente las habitaciones orientadas al sur. El sol calienta el interior, el aire acondicionado trabaja más horas y la factura se dispara. En julio de 2026, el precio medio de la electricidad en España superó los 135 €/MWh, según el operador de mercado OMIE. En ese contexto, cada grado que se evita sin usar electricidad cuenta.
El ingeniero industrial y divulgador energético Jorge Morales de Labra lo explicó con claridad en el programa de radio La Tarde. Su mensaje principal es sencillo: es mejor impedir que la casa se caliente durante el día que intentar enfriarla después. Y uno de los gestos más eficaces, según él, está en el exterior.
«Cuando tenemos una habitación en la que el sol pega todo el día, hay que intentar poner un toldo porque es un ahorro directo», afirmó Morales de Labra. La clave está en bloquear la radiación solar antes de que atraviese el cristal. Un toldo o store exterior evita el efecto invernadero que se produce cuando el sol entra y calienta el aire interior. El resultado: la estancia se mantiene más fresca y el aire acondicionado se enciende menos o durante menos tiempo.
Los datos de la industria de protección solar confirman la diferencia. Una protección instalada en el exterior puede detener entre el 85 % y el 90 % del calor. Un toldo o estor interior, en cambio, solo reduce entre el 40 % y el 50 %. Actuar fuera de la ventana cambia radicalmente el confort de verano sin tocar el termostato.
Morales de Labra insiste en que el toldo no es la única medida. «Las ventanas que tenemos, los muros, el aislamiento incluso del tejado… eso va a reducir sustancialmente la factura», añadió. Mejorar el aislamiento frena la entrada de calor y también evita que el frescor se escape una vez que se ha conseguido bajar la temperatura.
Otro punto que destaca el ingeniero es el momento de ventilar. En verano recomienda abrir las ventanas por la mañana, cuando la diferencia entre la temperatura interior deseada y la exterior es menor. En los meses fríos, sugiere hacerlo hacia el mediodía, en el momento más suave del día, para renovar el aire sin enfriar demasiado la vivienda.
La combinación de protección solar exterior y buena gestión del aire ya se ha medido a gran escala. En un edificio público se instalaron 616 toldos exteriores en una fachada muy expuesta. El resultado: hasta 10 °C menos en el interior y un ahorro estimado de unos 200.000 euros al año solo en climatización.
En una vivienda particular las cifras son más modestas, pero la lógica es la misma. Identificar la habitación más soleada, valorar un toldo exterior, complementar con persianas o cortinas y ajustar los horarios de ventilación forma una estrategia casera realista. En un momento en el que las etiquetas energéticas de la A a la G pesan cada vez más y cada factura genera preocupación, colocar un toldo en una estancia que recibe sol todo el día se convierte en una medida concreta para gastar menos sin renunciar al confort.