El truco de usar ventilador y aire acondicionado a la vez para ahorrar en la factura de la luz

Cuando el calor aprieta, encender el aire acondicionado parece la solución más sencilla. El problema llega después, cuando la factura de electricidad refleja todas esas horas de refrigeración. Pero existe una combinación mucho más interesante de lo que parece: usar el ventilador al mismo tiempo que el aire acondicionado para poder subir algunos grados el termostato sin perder sensación de frescor.

La idea puede parecer contradictoria. Si ambos aparatos están encendidos, lo lógico sería pensar que el consumo aumenta. Sin embargo, no hacen el mismo trabajo: el aire acondicionado reduce la temperatura real del ambiente, mientras que el ventilador mueve el aire y modifica la forma en la que el cuerpo percibe el calor.

Daniel Beguería, ingeniero de obra de Estudio Raíces, defiende precisamente esta estrategia. Su recomendación no consiste en sustituir siempre un aparato por otro, sino en utilizarlos juntos de manera inteligente para conseguir una temperatura de confort con menos esfuerzo del sistema de climatización.

Aire acondicionado funcionando en una vivienda durante un día caluroso

El aire acondicionado puede disparar el gasto en verano

El coste del aire acondicionado depende del aparato, las horas de uso, la tarifa eléctrica y, sobre todo, de las características de la vivienda. Un piso mal aislado o expuesto al sol durante buena parte del día necesitará más energía para mantener una temperatura estable que una casa bien protegida.

Según datos citados por OCU en la cobertura de este tema, utilizar el aire acondicionado entre cuatro y ocho horas diarias puede añadir aproximadamente 30 a 90 euros al mes a la factura, aunque la cifra cambia mucho según cada hogar.

Por eso, el verdadero objetivo no debería ser simplemente apagar el aire acondicionado, sino reducir las horas o la intensidad de funcionamiento cuando las condiciones permiten hacerlo. Y ahí es donde el ventilador adquiere un papel que muchas personas pasan por alto.

El ventilador no enfría la habitación, pero sí cambia cómo sentimos el calor

Hay una diferencia fundamental que conviene entender antes de hablar de ahorro. Un ventilador no funciona como un aire acondicionado: no baja la temperatura real de la habitación. Lo que hace es mover el aire sobre la piel y favorecer la evaporación del sudor, lo que puede hacer que el cuerpo perciba un ambiente más fresco.

Investigaciones publicadas en The Lancet Planetary Health en 2022 analizaron precisamente este efecto. En determinados escenarios de calor moderado, el movimiento del aire puede permitir elevar varios grados la temperatura considerada confortable sin empeorar la sensación de bienestar.

Esto explica por qué una habitación que marca 28 o incluso 30 °C puede resultar soportable con una buena circulación de aire, mientras que una estancia sin movimiento de aire puede sentirse mucho más calurosa. No significa que 30 °C sean siempre seguros o cómodos para todo el mundo: la humedad, la edad, la salud y la intensidad del calor cambian completamente la experiencia.

Ventilador de techo utilizado para mejorar la circulación del aire en casa

La combinación que puede reducir el consumo

El razonamiento de Beguería es sencillo. Si el aire acondicionado está configurado a una temperatura muy baja, el equipo tiene que trabajar más para mantenerla. Si el ventilador ayuda a repartir el aire frío y mejora la sensación térmica, es posible mantener el termostato algunos grados más alto y seguir sintiendo frescor.

En lugar de intentar convertir la vivienda en una nevera, una estrategia más razonable es utilizar una temperatura moderada y dejar que el movimiento del aire complete la sensación de confort. Algunas fuentes que recogen las recomendaciones del ingeniero sitúan una configuración práctica alrededor de 26 o 27 °C, aunque no existe una cifra universal que funcione igual en todas las casas.

La diferencia energética puede ser importante porque el aparato que realmente realiza el trabajo de refrigeración es el aire acondicionado. El ventilador, en comparación, necesita mucha menos electricidad. Por eso, añadir un ventilador no implica necesariamente aumentar el gasto total: si permite reducir la carga del aire acondicionado, el resultado puede ser justamente el contrario.

Un análisis citado por medios españoles estima que, dependiendo de las condiciones exteriores y del tipo de vivienda, combinar ambos sistemas puede reducir el consumo energético entre un 17 % y un 73 %. Esa horquilla es enorme y deja claro que no debe interpretarse como un ahorro garantizado para cualquier hogar.

Hay un detalle que cambia completamente el resultado

El ventilador solo funciona como estrategia de ahorro si se utiliza para permitir una configuración más eficiente del aire acondicionado. Encender los dos aparatos y mantener exactamente la misma temperatura que antes no tiene el mismo efecto: en ese caso simplemente se está añadiendo el consumo del ventilador.

La lógica es otra. Primero se ajusta el aire acondicionado a una temperatura razonable y después se utiliza el ventilador para mejorar la distribución del aire y la sensación térmica. El ahorro aparece cuando el ventilador permite subir el termostato, no por el simple hecho de tener dos aparatos encendidos.

También importa dónde se coloca. Un ventilador de techo suele distribuir el aire de manera más uniforme, mientras que uno de pie o de torre puede ser útil para una zona concreta. Lo importante es evitar que el chorro de aire esté dirigido de forma incómoda hacia una persona durante horas.

No siempre se puede sustituir el aire acondicionado por un ventilador

Aquí está uno de los matices que suelen desaparecer de los titulares. El ventilador mejora la sensación térmica, pero no elimina el calor acumulado en las paredes, los muebles o el propio aire de la vivienda. Cuando la temperatura es extrema, la humedad es elevada o el edificio está mal aislado, mover el aire puede dejar de ser suficiente.

En una ola de calor intensa, especialmente durante las horas más críticas del día, el aire acondicionado puede ser necesario. Lo mismo ocurre con personas especialmente vulnerables al calor, para quienes mantener unas condiciones térmicas adecuadas puede ser una cuestión de salud y no simplemente de comodidad.

Por eso, la mejor estrategia no es convertir el ventilador en un sustituto universal. Es utilizarlo como apoyo cuando las condiciones permiten reducir la dependencia de la refrigeración mecánica.

La vivienda también importa más de lo que parece

Antes de comprar un aparato más potente, hay otro aspecto que conviene revisar: cuánto calor entra realmente en casa. Persianas, cortinas, protección solar, ventanas, aislamiento y ventilación nocturna pueden cambiar mucho la temperatura interior.

En una vivienda que recibe sol directo durante toda la tarde, el aire acondicionado tendrá que trabajar mucho más. En cambio, reducir la entrada de calor durante las horas de mayor radiación puede disminuir la necesidad de refrigeración antes incluso de encender ningún aparato.

La ventilación nocturna también puede ayudar cuando las temperaturas exteriores bajan lo suficiente. Abrir la vivienda en el momento adecuado permite expulsar parte del calor acumulado, aunque siempre hay que tener en cuenta la seguridad, la humedad y la temperatura exterior.

El error de intentar enfriar demasiado rápido

Otro hábito frecuente consiste en bajar el aire acondicionado a 20, 21 o 22 °C pensando que así la casa se enfriará mucho más rápido. La estrategia puede aumentar el consumo sin aportar una ventaja proporcional en confort.

Beguería ha insistido en distintas ocasiones en que mantener temperaturas razonables y constantes suele ser una opción más eficiente. Si además el ventilador ayuda a distribuir el aire, no hace falta perseguir una sensación de frío extremo para estar cómodo.

La conclusión es bastante más útil que el simple consejo de «enciende el ventilador». Si quieres reducir el gasto, no se trata de sumar aparatos sin cambiar nada más. Se trata de aprovechar las diferencias entre ellos: el aire acondicionado enfría y el ventilador mejora la percepción y distribución del aire.

Bien utilizados, ambos pueden trabajar juntos para que la vivienda resulte agradable sin exigir al sistema de climatización más de lo necesario. Y cuando el calor no sea extremo, incluso puede haber momentos en los que el ventilador sea suficiente para mantener el confort sin encender el aire acondicionado.

Ese es el verdadero ahorro: no buscar el aparato que enfría más, sino encontrar la combinación que permita mantener una temperatura razonable con el menor consumo posible.

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