7 datos sorprendentes sobre los huevos que casi nadie conoce (y uno puede ahorrarte una intoxicación)
Los huevos forman parte de la dieta diaria de millones de personas, pero alrededor de este alimento circulan mitos que se repiten sin cuestionar. Algunos tienen que ver con el color de la yema, otros con la cáscara o con el colesterol. Aquí van siete datos que cambian la forma de mirar (y de conservar) este producto tan básico.
1. La yema anaranjada no es más sana
Muchos asocian un color intenso de la yema con mayor calidad o frescura. En realidad, el tono depende de los carotenoides presentes en la alimentación de la gallina: hierba, maíz o zanahoria. Algunos productores añaden pimentón a la ración para conseguir un color más marcado. En producción ecológica esa práctica no está permitida, por eso el color de las yemas varía según la estación.
«La idea de que una yema más pronunciada es más sana es un mito», señala el Centro Federal Alemán de Información para la Agricultura. El color no indica valor nutricional superior.

2. La cáscara sí se puede comer… con precaución
La cáscara del huevo está compuesta en un 95 % de calcio. Según estudios, media cáscara puede cubrir la necesidad diaria de un adulto. Por eso algunos influencers de fitness y hasta Arnold Schwarzenegger han llegado a incluir cáscaras en batidos.
El problema es hacerlo en crudo: puede dañar la boca y el esófago, y además existe riesgo de salmonela. La forma segura es escaldar las cáscaras unos minutos, secarlas y reducirlas a polvo.
3. El puntito rojo en la yema no es peligroso
Esa mancha roja que aparece a veces en la yema asusta a más de uno. En realidad se trata de una pequeña hemorragia ocurrida durante la ovulación de la gallina. No significa que el huevo esté incubado ni que sea de peor calidad. Se puede retirar fácilmente con un palillo.
4. Los huevos marrones no son mejores que los blancos
La creencia de que el huevo marrón es «más natural» está muy extendida. La verdad es que el color de la cáscara es genético y depende de la raza de la gallina. Existe incluso una correlación curiosa: si los lóbulos auriculares de la gallina son blancos, pone huevos blancos; si son rojos, pone huevos marrones.
«Ya sean marrones, blancos o de un verde pálido, los huevos son una fuente de proteínas y lípidos de gran calidad», explica el nutricionista Uwe Knop.
5. El colesterol de los huevos no es el enemigo que se pensaba
Durante décadas se recomendó limitar el consumo de huevos por su contenido en colesterol. Esa idea se basaba en estudios de los años 50 que hoy se consideran erróneos. El organismo regula por sí mismo gran parte de su colesterol sanguíneo.
Una investigación de la Universidad de Australia Meridional llegó a mostrar que consumir dos huevos al día dentro de una dieta baja en grasas puede incluso ayudar a reducir el colesterol LDL (el «malo»).
6. Si flota, no lo comas
La prueba del vaso de agua sigue siendo una de las más fiables para saber si un huevo está fresco:
- Si se hunde y queda horizontal → está fresco.
- Si se pone de pie en el fondo → ya no es tan fresco, pero se puede consumir.
- Si flota → hay que tirarlo.
Con el tiempo el huevo pierde humedad y se forma una cámara de aire que lo hace flotar.

7. Los huevos duros duran más si no los pinchas ni los enfrías con agua
Un huevo duro con la cáscara intacta se conserva hasta cuatro semanas en la nevera. Dos gestos muy habituales acortan ese plazo: pasarlos por agua fría justo después de cocerlos y pincharlos. Ambos pueden crear microfisuras por las que entran gérmenes, y entonces la conservación baja a unas dos semanas.
Otro truco práctico: para que se pelen mejor, conviene usar huevos que tengan aproximadamente una semana. Los muy frescos se resisten más a la cáscara.
Estos siete datos no cambian el hecho de que el huevo sigue siendo uno de los alimentos más versátiles y completos que existen. Solo ayudan a comprar, conservar y cocinarlo con un poco más de criterio… y a dejar de lado algunas ideas que se han repetido durante años sin base real.