Ni en la puerta de la nevera ni junto al horno: este es el lugar más adecuado para guardar los huevos

Se vuelve de hacer la compra y aparece una duda mucho más importante de lo que parece: ¿dónde guardar los huevos al llegar a casa? En el supermercado pueden estar fuera de la zona refrigerada, pero eso no significa que cualquier rincón de la cocina sea adecuado una vez que los llevamos a casa.

La puerta de la nevera parece tener un lugar reservado para ellos y la encimera resulta práctica porque los tenemos siempre a mano. Sin embargo, los cambios de temperatura y el calor son precisamente dos factores que conviene evitar si queremos mantener una conservación estable.

La clave está menos en encontrar un sitio cómodo que en elegir un lugar donde la temperatura permanezca lo más estable posible. Y ahí es donde la puerta del frigorífico y una encimera situada cerca de los fogones empiezan a perder ventaja.

Por qué la puerta de la nevera no es la mejor opción

Es fácil entender por qué tantas personas utilizan los compartimentos para huevos de la puerta: vienen incorporados en muchos frigoríficos y parecen diseñados exactamente para eso. Pero esa ubicación tiene un inconveniente concreto: es una de las zonas del frigorífico más expuestas a las variaciones de temperatura.

Cada vez que se abre la puerta, el aire del exterior entra y afecta especialmente a los alimentos que están colocados en ella. Para los huevos, una conservación estable resulta preferible a someterlos continuamente a esos cambios.

Si se decide conservarlos en frío, una alternativa más adecuada es colocarlos en una balda interior del frigorífico, preferiblemente dentro de su envase de origen. La caja, además de mantenerlos juntos, ayuda a protegerlos y evita tener que trasladarlos a una huevera abierta de plástico.

Hay otro detalle que suele pasar desapercibido: una vez elegido un sistema de conservación, conviene mantenerlo. Sacar los huevos del frío para dejarlos fuera y volver a refrigerarlos después no es una buena rutina; lo importante es evitar cambios innecesarios.

La encimera tampoco es siempre una buena idea

Entonces, ¿por qué los huevos pueden encontrarse a temperatura ambiente en muchas tiendas? Porque también pueden conservarse fuera del frigorífico cuando las condiciones del lugar son adecuadas. El problema aparece cuando confundimos “temperatura ambiente” con cualquier sitio de la cocina.

Una encimera situada junto al horno, la placa de cocina o una ventana con sol directo puede calentarse bastante durante el día. En ese escenario, los huevos quedan expuestos a una fuente de calor que no ofrece una temperatura estable.

Por eso, si se opta por conservarlos fuera de la nevera, tiene más sentido buscar un armario o una zona fresca y seca, alejada de los electrodomésticos que generan calor y de la luz solar directa.

Huevos conservados correctamente en una balda interior del frigorífico, dentro de su caja de cartón, lejos de la puerta

Entonces, ¿dónde guardarlos?

Hay dos posibilidades, siempre que se respeten las condiciones adecuadas. Si se prefiere guardarlos en frío, la opción más estable es una balda del interior de la nevera, no la puerta. Si se conservan a temperatura ambiente, deben permanecer en un lugar seco, fresco y protegido del calor.

En ambos casos, la idea fundamental es sencilla: no basta con que el lugar resulte práctico. La temperatura debe mantenerse lo más estable posible y los huevos deben permanecer protegidos de fuentes de calor y de cambios bruscos de ambiente.

Así que ese pequeño compartimento de la puerta del frigorífico, aunque parezca hecho a medida, no tiene por qué ser el mejor lugar. A veces, la opción más sencilla —dejar los huevos en su propia caja y colocarlos en una zona interior y estable— es también la más lógica.

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